Y Dios estaba inspirado
No llega a seis kilómetros la distancia que separa la Puerta del Sol, de Madrid, del Movistar Arena, antes Wizink Center, mucho antes Palacio de los Deportes. A pesar de la escasa distancia, un paseo largo como decimos en madrileñian, dos Españas bien distintas se manifestaban a la misma hora en estos dos lugares emblemáticos de la capital.
Acababa de dar las ocho el reloj de Sol cuando varios centenares de perroflautas pasados de IA y otras cosas menos virtuales, se disponían a participar en la batucada Markanai y la clásica fanfarria transfeminista. La moda capilar a lo Nekane también es tendencia en este otoño caliente madrileño donde se vislumbran nuevos liderazgos; solo el pueblo salva al pueblo, gritaba uno de estos nuevos talentos.
A la misma hora pero en la calle Goya, miles de venezolanos, jóvenes muchos de ellos, cantaban y bailaban por salsa, merengue y bachata; la mayoría de un pueblo expulsado por la minoría asesina de su mismo pueblo. La banda caraqueña Rawayana hizo lo que parece imposible: contagiar un deseo de libertad con palabras bonitas pronunciadas suavemente. ¡Cuánta belleza junta en este trocito de Madrid! ¡Qué bonita se ve España desde la grada del Wizink!


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