Albares en NY
Hay algo en el paseo de Albares por Manhattan que me recuerda a Carrie Bradshaw en Sexo en Nueva York. El ministro de Exteriores parece perseguir su móvil subido en unos tacones mientras finge un directo en instagram y alguien le graba mientras se graba. Sólo una adicta a la serie o alguien con muy mala leche puede imaginar una escena como esa; el jefe de nuestra diplomacia parece dispuesto a alunizar contra un escaparate o, quién sabe, incluso contra su propio móvil. Hay un tipo/a en toda institución u organización que está dispuesto a medrar cueste lo que cueste. Este tipo/a no tiene complejos, todo le va bien, nunca pone pegas, no hay un pero ni una coma que añadir a lo propuesto por el Jefe que, henchido ante la locuacidad y determinación de su asesor, se presta a realizar cosas cada vez más disparatadas. Todavía hay quien se sorprende del Hit Parade de Sánchez en su Tik Tok: ¿pero quién puede creerse a estas alturas que un groupie de los Killers pueda recomendar a Queve...