3.15 a.m
Era el verano del ´96 cuando, por primera vez, trabajé en el turno de madrugada de la radio. Hacía prácticas como becaria en Onda Cero y, aunque el horario inicial para el que me habían seleccionado era el de mediodía, ni me lo pensé dos veces cuando Juanra Lucas me preguntó si quería ir a la noche. Trabajar para el matinal de Protagonistas, un emblema de la radio española, era un ofrecimiento que no podía dejar escapar. Al año siguiente, pasé a formar parte del equipo informativo de primera hora en Europa FM. En La Monda coincidí con mis amigas Sonia Sánchez y Margarita Zabala y, entre café y café de madrugada, recuerdo haber pasado algunos de los momentos más divertidos como periodista editora novata. En la SER, en el verano del ‘97, fueron más condescendientes conmigo; en un principio me incorporé al equipo del Hoy por Hoy auténtico, con Iñaki al frente, pero yo con quien quería trabajar era con el Sr. Casamajor, un abuelo catalán y cascarrabias creado por Javier Sardá e interpretado por él mismo. Lo pedí y me dejaron, así que acabe trabajando en el horario más anodino de la radio; entrando a la hora del segundo desayuno y saliendo para la cena. Avanzada la noche, pero que muy avanzada, tocó la retirada en COPE durante los cinco años que trabajé en La Linterna hasta que, ¡por fin!, el despertador entró en mi vida para no irse nunca más.
Si los cálculos no me fallan, en total han sido otros veintitrés
años trabajado de madrugada y muy pocas veces me he quejado
por ello; cuanto lo he hecho ha sido en el círculo más íntimo, que
los demás ya tienen suficiente con lo suyo. Cuando me despierto a
las 3.15 a.m, miro por la ventana de mi salón y veo la luz del
panadero que ya trabaja en el obrador. En la cocina, mientras
desayuno y leo los periódicos, escucho el ruido de los barrenderos
que baldean las calles. Salgo de casa y no son pocas las madrugadas
que la señora de la limpieza se afana en sacar brillo al mármol del
portal y luego… el taxista; qué sería de mí sin ellos y sus
historias de clientes nocturnos; crápulas, borrachos, prostitutas y
algún chaval que se ha hecho un simpa.
Cuando trabajas buena parte de la noche y duermes unas horas de día, en la radio sabes que vas montado en caballo ganador. El matinal es el buque insignia y si formas parte de su tripulación, eres un privilegiado. La radio nocturna me ha permitido poder cuidar de mis hijos cuando eran pequeños, y por eso también estoy muy agradecida. No entiendo tanto ruido cuando quienes siempre lo hemos hecho lo hacemos en silencio porque de eso, del silencio, sí que sabemos los que ponemos las calles.

La frescura de las noticias por la mañana no tiene precio, salvo el bar que cierra a las tantas con un Landa a lo Sinatra ya ebrio y sin lugar a donde ir. Las dos caras de una moneda llena de soledad.
ResponderEliminarEs tan agradable leerla como escucharla
ResponderEliminar