Antena de Oro
Yo no había nacido en el año 1963 cuando, por primera vez, la Federación de Asociaciones de Radio y Televisión de España concedió los premios Antena de Oro. Aquel año, Bobby Deglané fue galardonado con el Premio Especial, yo no tuve ocasión de escucharle en directo pero, muchos años después, siendo una niña, sí oí hablar de sus programas a mi madre y a mi abuela. En el año 1987, Clara Isabel Francia recibía su Antena de Oro, junto a ella Encarna Sánchez. La segunda me acompañaba todas las tardes mientras hacía los deberes con su Directamente Encarna, la primera es el claro ejemplo de que una mujer puede encabezar una saga familiar de periodistas; hoy, tengo la suerte de compartir instantes en la radio con su hija Maite Rico. Confieso que cuando Manuel Castro, periodista de Radio Nacional de España (RNE), me comunicó que había sido galardonada con la Antena de Oro por mi trabajo en Es la mañana de Federico, en esRadio, me resistí al premio. Sé que puede resultar extraño, pero de manera inconsciente comencé a relatar el magnífico trabajo que hacía uno de mis compañeros. Manuel no salía de su asombro, creo que llegó a pensar que lo rechazaba. Recuperada la cordura, y con la tranquilidad que da llegar a casa tras una jornada de trabajo muy larga contando malas noticias, consulté las antenas de años anteriores; entonces, la locura dio paso al vértigo. Manuel Martín Ferrand, Juana Ginzo, José María García, Luis del Olmo, Carlos Herrera, Luis Herrero, Concha García Campoy, Carlos Pumares… Mi jefe, Federico Jiménez Losantos, mi hermana radiofónica, Isabel González. El periodismo es un estilo de vida y el periodismo radiofónico es un universo particular. Único. Yo lo he percibido siempre así. Por eso, recibir el premio más importante al que un informador puede aspirar en esta categoría es una responsabilidad, de tal envergadura, que la experiencia resulta algo traumática. Al mismo tiempo, es un impulso a la carrera, un instante para echar la vista atrás y hacer balance, inventario, un aliciente para seguir trabajando, más y mejor, para dignificar una profesión que, desgraciadamente, se devalúa cada segundo que pasa. Esta percepción estuvo presente en casi todos los agradecimientos que pudieron escucharse en la Gala de entrega de las Antena de Oro que, el pasado 8 de noviembre, nos reunió a un nutrido grupo de comunicadores en el Real Casino de Aranjuez. Soy consciente de que mi posición puede parecer ventajista; trabajo en una empresa, Libertad Digital/esRadioque lleva en su membrete el principio fundamental para aplicarlo y no para lucirlo y, este punto de partida facilita mucho la tarea. Por eso, me sorprendió, gratamente, el hecho de que muchos de mis compañeros, probablemente con más compromisos y diques de contención que los míos, se manifestaran en semejantes términos. Observar, contrastar y contar para poder opinar, nos enseñaban en la Facultad de Ciencias de la Información. Volvamos al origen, a lo básico. Sólo así seremos dignos portadores de la Antena que hoy celebramos.

No sabes lo feliz que nos sentimos cuando te lo dieron 👏👏👏🙂
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