Alegría de partir
Pilar Alegría no será recordada por su aportación como ministra de Educación, más bien todo lo contrario. Como titular de la cartera con más expectativas y menos atribuciones ha pasado del insuficiente al muy deficiente. Y eso que era difícil recogiendo el legado de Isabel Celaá; sí, esa mujer que hoy luce perlas tamaño garbanzo (y no de Pedrosillo) y que está al frente de la embajada ante la Santa Sede, sí, aquella que hace un tiempo nos dijo que “los hijos no pertenecían a los padres”. Cuando Pilar Alegría tomó posesión como ministra de Educación, en 2011, se presentó como la ejecutora de la conocida Ley Celaá que, probablemente, sea la peor de las normas educativas aprobadas en nuestro país desde la LOGSE. La ley eliminaba el carácter vehicular del castellano y permitía, con carácter excepcional, aprobar el bachillerato con una asignatura suspensa. También establecía el principio del fin para la Educación Especial, un referente en España. Alegría ya dio muestras de ciertas limitaciones en aquella rueda de prensa donde estableció como reto la agenda 2030, la educación inclusiva y las competencias stem y en artes plásticas. Tras cuatro años en el ministerio, la candidata aragonesa abandona el cargo dejando a España en uno de los peores niveles, en el ranking europeo, de abandono escolar. El informe PIRLS, el PISA de Primaria, sitúa a nuestro país por debajo de la media en todas las asignaturas, pero establece claras distinciones entre comunidades siendo Asturias, Madrid y Castilla y León las mejor puntuadas, al nivel de Dinamarca y República Checa. La comprensión lectora de los estudiantes españoles es tan limitada que el fracaso se extiende a Matemáticas y, cuando llegan a la Universidad, porque todos llegan, la enfermedad ya no tiene cura. No recuerdo la última vez que escuché a un político hablar de la Educación en España; mucho menos de la excelencia como meta. Hagamos de la excepción la regla y hablemos de lo que de verdad importa; ¿acaso podemos aspirar a tener políticos preparados y honestos si su formación carece de cualquier principio básico?

Todos llegan a la Universidad... 😢
ResponderEliminarLa mitad de los universitarios actuales deberían ir a la formación profesional.
EliminarEl sistema educativo público debería servir como ascensor social para todo el mundo. A pesar de todos sus males, afortunadamente, para aquellos alumnos que trabajan y se esfuerzan a lo largo de su vida académica sí que lo es. Pero lo cierto y lo más triste es que cada vez hay menos estudiantes de ese tipo. Y ahí tienen mucho que ver las familias.
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